sábado, 4 de diciembre de 2010

Los límites, póngamelos a mi!

Siguiendo con el tema de los límites, dos anécdotas (una graciosa, otra espeluznante) y una reflexión…

Hace unos días mientras Kyara corría por el parque e intentaba subirse al columpio sola, yo que la seguía unos pasos más atrás escuche esta desafortunada conversación: “esa niña se va a caer”. A lo que el interlocutor respondió: “y claro si necesita límites no ves que tiene el vestido al revés!”

Que les puedo contar, claro que lo tiene al revés , porque ella está aprendiendo a vestirse sola y cada prenda que se pone me mira y saltando dice: mira mamá estoy aprendiendo yo solita! Con una sonrisa que te derrite el mundo. Y alguna vez que he tenido la desfachatez de intentar arreglárselo o de sugerirle que lo tiene al revés me dice: mami! Yo aprendo, me gusta así! Fin de la historia que salga de casa como se le antoje. Total, mal que le pese a los transeúntes un vestido al revés no atenta contra la convivencia pacifica y respetuosa, solo contra la uniformidad

Pero más allá del orgullo de madre, yo me pregunto: que tiene que ver la posibilidad de que se caiga de un columpio, con llevar el vestido al revés y con la necesidad de límites. Desde luego cualquier excusa es buena para limitar a un niñ@.

La anécdota espeluznante:  a través de  Madre Reciente  de Me crecen los enanos me enteré de esta noticia. En si misma, la noticia es de terror, el video peor aún, pero lo que me dejó helada fue la cantidad de comentarios que legitiman el “cachete a tiempo” que hablan de la necesidad de dar golpe(citos¿?) a los niñ@s bajo tres grandes razones: la primera, que eso no es ni violencia, ni maltrato, es educar (se me revuelven las entrañas); segunda, que los niñ@s chicos no razonan, con lo cual a un bebe de 1 año y medio solo nos quedar pegarle para que entienda! Tercera, los niñ@s necesitan límites claros porque si no luego andan por ahí haciendo su santa voluntad.

Antes que cualquier otro comentario tengo que decir: Nada justifica la violencia, ningún ideal educativo, ni moral, ni ético la justifican y las bofetadas, golpe(citos) e insultos clasifican en esa categoría. El acto de violencia no se mide por la fuerza con que es propinado el golpe, eso solo es un intento por disfrazar y disculpar un acto inaceptable. Por otro lado, a mi juicio, frente a la violencia hay un error de base: el problema lo tiene quien la ejerce, no quien la recibe, es decir quien la recibe ni se lo merece, ni le ayuda, quien la ejerce en cambio se las está viendo con su parte enferma.

Ahora frente a la creencia que l@s niñ@s necesitan límites, yo tengo que decir: Falso! En todo caso quienes necesitamos límites somos nosotr@s l@s adult@s que vamos avasallando a l@s niñ@s, legitimando nuestra violencia, que nos consideramos lo suficientemente importantes como para supeditar la vida de ell@s a nuestras arbitrariedades y deseos, que somos los suficientemente soberbios y arrogantes como para decir “tus necesidades no son importantes, lloras por nada, te quejas de todo” , que seguimos creyendo “que la letra con sangre entra” y que educar, golpear, maltratar, insultar son sinónimos. Límites necesitamos nosotr@s que violentamos a quienes amamos, que destruimos a quienes dependen de nosotr@s y que además creen en nosotr@s y nos aman a pesar nuestro. A raya deberían mantenernos a nosotr@s que transmitimos con el ejemplo esta forma violenta de criar, esta confusión entre tener un hij@ (como una posesión más) y moldearl@ a nuestra imagen y semejanza o criar un ser humano en el respeto, amor, reconocimiento y responsabilidad por su humanidad

Por supuesto todo debe mirarse en perspectiva, estos adult@s que hoy somos, ayer fueron niñ@s limitados y de alguna manera lo seguimos siendo, vidas mutiladas en honor a los límites, las buenas costumbres y la idea que “el fin justifica los medios”. Y como es vital ir saliéndonos de la lógica victima-victimario, no se trata de señalarnos culpables, pero si responsables, porque ahora los padres somos nosotros, tenemos la posta para transformar y transformarnos, para cortar la cadena de desamparo y dejar de transmitir la creencia que un “cachete a tiempo” salva una vida.

L@s niñ@s necesitan respaldo para crecer y desarrollarse; necesitan  habitar un universo seguro que les permita volar con libertad, descubrir el mundo y descubrirse a si mism@s. Es claro que no podemos dejarl@s en situaciones que atenten contra su seguridad ni contra la de ninguna otra vida, no soy tan inocente como para creer que no existen ciertas reglas de juego sin las cuales pueden dañarse o dañar a otros y su crecimiento y desarrollo se verían frustrados.

Pero dar respaldo y poner límites son dos cosas muy distintas y para mi la diferencia es un error de concepto que le abre la puerta a la violencia. Limitar es un verbo que en si trae la idea de coartar, restringir, condicionar, reducir, obstaculizar, reprimir... suena terrible no? Pues es increíble la cantidad de veces al día que decimos: “este niñ@ necesita límites o “yo si le pongo los límites muy claros”. No nos engañemos, es un verbo militarista, que justifica la existencia de jerarquías y la sumisión. Respaldar por otro lado, nos compromete con ese otr@, nos pone del mismo lado, nos hace responsables de su bienestar. Es un verbo que habla desde la conciencia y el amor.

Desde la premisa de generar para ell@s un entorno amoroso, seguro, propositivo apelaremos a formas y maneras coherentes con esa idea, sin embargo desde la idea de limitarlos aunque sea con un elevado fin estaremos validando el uso de la fuerza y la violencia.

Es sencillo se trata de cambiar el punto de origen (limitar-respaldar) para transformar el desenlace. 

3 comentarios:

  1. Qué buena reflexión sobre la violencia Viole!!! Creo que muchos somos violentos porque ejercieron violencia contra nosotros y así seguimos de generación en generación reproduciendo eso, validandolo y lo peor, criticando al de al lado o a la sociedad en general (esos bandoleros del monte!!!) sin darnos cuenta que todo inicia desde casa. Si, acepto que soy violenta (hay muchos tipos de violencia ojo, no sólo es golpear a las personas), y estoy reponsabilizandome por ello ya que soy adulta y ahora más que nunca con mis hijos. Quiero cambiar eso, romper con lo heredado y reproducido en mi sociedad y la mejor forma es cortarlo de raíz con mis hijos. Es cierto algo que dice Carlos Gonzalez y al leerlo me convenci totalmente de ello: la violencia si no se justifica a nivel de Estado porque carajos la justificamos contra los niños?? Porque las leyes dicen que castigan a quien violente a otro ser humano... y porque aceptamos par de palmaditas para nuestros hijos como forma de corrección??
    El punto es enseñar e ir a lo practico, cómo evitamos acudir a la violencia contra nuestros hijos? cómo tenemos un poco de paciencia en esos momentos en que estas al limite y no logras comprenderlos y por eso es tan facil pasar a terminos o actos violentos?

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  2. Precisamente hace dos días le di un cachete a mi hijo en un momento de pánico( http://reeducandoamama.blogspot.com/2011/01/con-ninos-en-el-avion.html). ¿Que falló? le doy vueltas y vueltas..... en situaciones como esa, de riesgo personal, el debería confiar en mis normas, en mi criterio. ¿Porque no lo hizo? ¿Que alternativa tenía yo?........ No quiero excusar aquel cachete porque si empiezas excusando uno acabas excusando todos...... pero no se me ocurre otra manara de manejar esa situación. Violeta, me gustaría saber que hubieras hecho tú..... si es posible

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  3. Hola María!!! Me preguntas que hubiera hecho yo, la verdad no lo se, es dificil imaginarte como vas a reaccionar en situaciones así donde sientes peligrar la seguridad de tus hijos y tienes poco margen de acción. Desde donde yo te puedo hablar ahora es desde la cómoda hipotesis que siempre es más fácil.

    Ante todo agradezco tu confianza y tu honestidad al compartir esta vivencia. Me parece admirable tus ganas de encontrar otras vías, repensarte y no solo pasar la página. Ahora, no te fustigues por ello, culparte puede dificultarte encontrar alternativas.

    Más allá del tema de seguridad que atañe directamente a las aerolíneas se me ocurren algunas cosas, de entrada pienso que en estas situaciones se trata de evitar que suceda, generar todos los factores de protección posibles para no hallarnos en el momento en si porque aqui es cuando sale el automático. Una bofetada suele aparecer cuando sentimos que nos quedamos sin herramientas, cuando la situación sobrepasa nuestros límites, por eso la idea es intentar no llegar hasta allá

    Desde esa premisa se me ocurre, lo primero mantener con ell@s una charla al respecto del viaje en avión (más allá de que lo hayan hecho varias veces como parece ser el caso de ustedes), lo que implica, lo que necesitamos de ellos y las razones de ello, darle voz un poco a la situación y las preocupaciones que te surgen, hacerlo tema de conversación. Incluso podrían "jugar al avión" poner asientos y todo, tratando de reproducir la escena como creemos que va a hacer (tu con en M en brazos y O a tu lado), escenificar el despegue, el aterrizaje, ver las nubes pasar... puedes además apoyarte con libros, imágenes. Que se yo, según el momento de tus hijos también puedes probar juegos para los momentos en que es necesario que estén quietos, jugar a las estatuas por ejemplo o canciones reservadas para el momento, todo esto previamente incluido en el "juego del avión". Creo que eso puede ayudar en el momento del viaje en si para traer los aprendizajes y peticiones que les hemos hecho.

    Por otro lado, lo que yo he podido comprobar con Kyara es que cuando yo me altero por un susto por ejemplo, mi voz en vez de ayudarla a detenerse la dispara. Cuando digo ¡cuidado! es casi como si le dijera sigue o caete. A mi me funciona más con ella un tono de voz firme y tranquilo, lo que implica todo un trabajo de mi parte y no siempre me sale.

    Otra cosa que yo intentaría pedir es que tu marido quede lo más cerca posible a ustedes, al otro lado del pasillo su ayuda es casi nula en situaciones así, tal vez si está sentado justo delante de ustedes puede reaccionar más efectivamente, por probar... yo directamente lo exigiría por la prioridad que les da viajar con niños.

    Lo otro que me parece importante, posiblemente ya lo hiciste, es hablar con O decirle como te sientes al respecto, que lo sientes, darse el espacio de intimidad para que los dos puedan expresarse; a veces puede ayudar reconstruir entre los dos la situación y buscar juntos alternativas para que eso no hubiera pasado, desde la idea de: que podríamos haber hecho cada uno para evitar esta situación. Se valen todas la alternavas las locas y las cuerdas ;)

    También si quieres yo le preguntaría a Sonsoles de Respetar para Educar, siempre tiene recomendaciones y herramientas sencillas y muy prácticas.

    Te repito que todas estas cosas se me ocurren desde la calma y la comodidad que da la hipotesis que en nada se parece a la vivencia! Te agradezco la confianza y seguimos charlando! Besos enormes

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