lunes, 10 de noviembre de 2014

La amiga Epi

He de confesar que cuando leo o escucho a una mujer que cuenta como le hicieron o le van a hacer una episiotomía, llamándola “epi” o “episio”, me revuelve las entrañas y  ya cuando lo dice un profesional siento un tsunami dentro, podría tirármele a la yugular, la sola la imagen de las tijeras en el periné de una mujer, que podría ser el mío o el de mis hijas, tiene la capacidad de estremecerme por dentro…

Pero hay mucho, encima la llamamos "epi", así, como con cariño, como haciéndola inofensiva, como un apodo que le pones a la mutilación

Estoy convencida que este término, ese … como diríamos… gentil apodo? Diminutivo de confianza? no surge de las mujeres, no es que nosotras nos lo inventamos,  porque le tomamos cariño ¡no! es así como nos lo vende el sistema médico hegemónico, como una “epi” una ayudita inocente, un  tajito inofensivo (como la cesárea), en lo que no vale la pena ni reparar, ni siquiera da llamarlo por su nombre, pero muy necesario eso si.

Y nosotras compramos obvio,  pero no porque nos falte inteligencia, desfortunadamente la cultura y las creencias pesan más que la capacidad de razonar; compramos por varias razones, por un lado vivimos en la cultura de la negación y el “no es para tanto” y obvio la cultura de la jerarquía del ambo, ellxs saben, nosotras obedecemos (impune patriarcado). También porque hemos normalizado hasta tal punto la violencia obstétrica, que no vemos el nivel de abuso y violencia que implica ser cortada, mutilada sin razón, sin necesidad, solo por comodidad, costumbre y voluntad del obstetra. Nos cuesta  ver la realidad de frente, asumir la terrible violación a la que hemos sido sometidas, cuando se supone íbamos a celebrar el nacimiento de nustrxs hijxs, uno de los momentos más felices de nuestra vida (con musiquita de publicidad) y obvio es más fácil minimizarla, hacerla pequeñita, restarle importancia, comprar la “epi” para que no duela tanto. Influye también el nivel de represión sexual, opresión y desconexión con el cuerpo en el que estamos sumidas, porque en qué otra situación de la vida aceptaríamos que introduzcan unas tijeras en nuestra vagina y la corten sin que medie ninguna justificación médica?... pero el cuerpo no olvida y recuerda lo que la mente niega, la episiotomía, esa con todas las letras sigue estando ahí y evitarla en un futuro parto y más aún evitar que se siga practicando esta mutilación de rutina pasa por poder hacerse cargo de la cicatriz innecesaria que llevamos en el periné, entender que estamos marcadas tan solo porque ése parece ser uno de los precios a pagar por tener la absurda ocurrencia de parir

Queridxs obstetras y parterxs sepan que no, no nos hicieron una “epi” nos hicieron una episiotomía con todas las letras y todos los puntos que tuvieron que hacernos después, sepan también que no nos dejaron como de 15, nos mutilaron  y que llevamos en nuestro cuerpo la marca de su resistencia al cambio, a aceptar la evidencia científica, a actualizarse, a trabajar procurando nuestro bienestar y el de nuestrxs hijxs y no su comodidad y costumbre… podemos llamarla “epi” y hasta conversar alegremente de ella, pero sepan que eso es violencia.

  
Y para que no olvidemos:

la episiotomía y el grave error de concepto! : nos corren con el cuentito que la función de la episiotomía es evitar desgarros, "te corto un poquito la vagina así tu solita no te abres un tajo", jaja mirá que fácil! pues no señorxs no! la verdadera función de la episiotomía es acelerar los tiempos de un nacimiento por estricta necesidad del bebé, esto es un bebé que tiene que nacer ya! conclusión, solo podría realizarse por indicación médica en estos casos, ninguna otra razón, excusa, cuentochino califica! su función no es evitar un desgarro, eso es una consecuencia, "te corto yo primero, ergo no te desgarras", lógica médica aplastante. Sin embargo, en la practica muchas veces no solo no previene un desgarro sino que lo aumenta, por donde fue la tijera, fue el desgarro y si lo pensamos con detenimiento es absurdo plantear una medida preventiva que implica un corte hasta el músculo para evitar un posible desgarro, del que no estaremos seguros hasta que suceda y que involucra solo tejido y mucosa, al mejor estilo "peor el remedio que la enfermedad" y encima si estamos hablando de un parto medicalizado e intervenido este desgarro suele producto de estar acostadas, con pujos dirigidos y todo el combo... Las episiotomías de rutina son mutilaciones genitales ni más ni menos!!

viernes, 7 de noviembre de 2014

Casa es mucho más que respeto...

Por una razón que aún no terminó de entender (aunque tengo mis teorías) es común que cuando cuentas que pariste en casa se escuchen comentarios como “eso mismo se puede en la institución” o la más habitual “yo parí en la institución como en casa, me respetaron todo lo que pedí”, mmmmm permítanme dudarlo… no que les hayan respetado todo, sobre eso no soy quien para opinar, sino esa idea de “igual que” o “como en”, no es posible parir en una institución como en casa, de la misma manera que no es posible parir en casa como en una institución… casa es mucho más que: “me respetaron todo lo que pedi”

Es verdad que en general el parto domiciliario está relacionado con la intención de “huir” de las intervenciones y medicalización de rutina que la mayoría de instituciones traen consigo, evitar los protocolos rígidos que te imponen o evadir de la violencia obstétrica, pero esto es solo la punta del icerberg y además una visión engañosa, primero porque mal que nos pese la violencia obstétrica existe también en casa y en casa también pueden intervenir por rutina, es verdad que a menor escala, pero poderse se puede. Pero ante todo porque casa es mucho más que respeto, casa e institución no son sólo dos lugares físicos distintos (aunque eso ya dice mucho ) sino que sobre todo son dos paradigmas distintos, dos maneras de entender y vivir la intimidad, la sexualidad y el nacimiento, ni mejores ni peores solo distintos

No se puede parir en una institución como en casa, básicamente porque NO es tu casa, por más decorada y camuflada que este con ambiente tipo “casa”, es una casa de revista, no la tuya, no son tus olores, tus espacios, tu historia y esto que para algunxs puede ser intrascendente , para quienes elegimos casa, es calor de hogar, es confianza, es sostén, es la tranquilidad de adentrarse en el bosque desconocido porque estás en tu territorio, en tu intimidad y allí puedes saltar sin miedo al vació porque tu hogar, tu cotidianidad te cobijan y te amparan; no es lo mismo tampoco decidir quienes estarán el día del parto y tener la certeza que solo ellxs estarán presentes, nadie más, ni porque tenían que entrar, ni porque pasaba por ahí, ni porque traía algo, nadie! solo aquellxs a quienes elegiste y a quienes abres la puerta; por más respetado y fisiológico que sea un parto institucional no es lo mismo ser traslada a una habitación desconocida después de parir, a una cama que no te es propia, que ir a tu cama con tu cachorro en brazos, sumergirte en tus almohadas, cobijarte en la calidez de tu intimidad; como nunca será lo mismo volver a casa con tu bebé en brazos por más idílico, soñado y poderoso que haya sido el nacimiento, que no volver nunca, porque nunca te fuiste, esa sensación de continuidad, de tiempo que fluye sin cortes, sin intervenciones, tan solo esa sensación de agua que sigue su curso, que existe en este tiempo y en este espacio, que además suele venir acompañada de esa extraña e inexplicable sensación de haber estado juntxs en esa casa toda la vida; no es lo mismo sentir la primer contracción y luego otra y otra más y dejarte llevar por ese mar que te envuelve para encontrarte de pronto, muchas o pocas horas después pujando, sintiendo el cuerpo de tu hijx que se abre paso, sentirlo salir, tomarlo y llevarlo a tu pecho, sin interrupciones de bolsos, salida de casa, auto, calle, entrada a la institución preguntas, papeles, etc, que aunque sean muchas o pocas son un inevitable corte de tiempo y espacio; no es lo mismo deambular en tus espacios, sentarte en tu baño, acuclillarte en tus esquinas, sostenerte de tus paredes, irte desnudando a tu antojo y necesidad, gritar y hasta aullar en tu territorio, en tu madriguera y luego parir desnuda, tomar a tu hijx en tu pecho, ir desnuda hasta la cama, dormir desnuda, despertar desnuda siempre en contacto con tu cría; no es lo mismo terminar de parir, radiante de poder, plena de vida, henchida de amor, pero famélica y que abran la heladera donde esta esa comida en la que pensaste mientras estabas en el trabajo de parto, o mandar a comprar o pedir eso que sueñas comer y devorarlo o disfrutarlo de a poco, acostada en tu cama, celebrando la bienvenida en el lugar donde tanto soñaste con el encuentro; no es lo mismo que solo tú, tu pareja y quien tú así lo decidas hayan tocado a tu hijx en sus primeras horas de vida ; como no es lo mismo que sean esas paredes, esos olores, colores y voces que habrán de acompañarlx mientras crece los que lx hayan recibido y acunado desde el primer momento; no es lo mismo que se vayan las parteras y se queden en tu casa solo aquellxs que tus elegiste, con la total certeza que nadie desconocido entrará a cambiar sabanas, a ver, a traer, o saludar; no es lo mismo ver caer la noche de esa manera tan conocida, mientras tu acunas a tu criatura, con esa sensación de seguridad que da saberte en casa; como no es lo mismo que salga el sol y empiece ese primer día, el primer amanecer, la primera mañana, el primer desayuno en ese hogar que durante meses fuiste convirtiendo en un nido, soñando con la presencia de ese bebé que ahora habita en tu regazo.

No son lo mismo, tantas cosas, ni mejor ni peor, porque aquello que para quienes elegimos casa puede ser el placer infinito y la seguridad plena, para quien no lo elige puede ser el caos, el miedo y la amenaza permanente

Pero como no es lo mismo y nunca va a serlo, quienes elegimos casa no vamos a dejar de hacerlo aunque la realidad institucional cambie drásticamente y nos pinten las paredes del mismo color que las de nuestra casa, porque casa es mucho más que respeto

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Mamita

Y un día aparecen dos rayitas en el test de embarazo y pasas de llamarte por tu nombre, de ser una mujer adulta, pensante y con derechos  a ser simplemente “mami”, “mamita”, “nena”. Y así como de un momento al otro pasamos de ser mujeres sanas a ser bombas de tiempo a punto de estallar siempre bordeando la patología y el riesgo, de la misma manera perdemos toda identidad y al parecer también toda capacidad de razonar y entender y ahí va cuesta abajo nuestro derecho a que se nos de toda la información verdadera, completa y suficiente  y sobre todo a que se respeten nuestras decisiones informadas.

Todxs sabemos que a Violeta se le explica, se le consulta y  Violeta decide, a “mami” se le informa y “mami” acepta,  porque “mami” vive en relación de dependencia, solo porta la panza y ya con eso tiene bastante, no es sujeto apto para tomar decisiones ni hacerse responsable. “Mami” no sabe, no entiende y no hay tiempo ni ganas de explicarle; es medio taradita “mami”,  está embarazada y llena de hormonas  y ya sabemos todxs que a las “mamis” embarazadas hay que hablarles despacito y suave porque lloran por todo y de todo hacen un drama y no  hay que decirles las cosas claras, ni darles toda la información, porque se asustan de todo, son muy impresionables las “mamis” y además tampoco sabrían que hacer con esa información, para eso están “los que saben” a quienes “mami” mansamente entrega todo el poder y el control sobre su cuerpo y el de su criatura. Como también sabemos todxs que a las “mamis” con hijxs fuera de la panza hay que darles muchos consejos y opinarles de todo, aunque no lo pidan, porque sino “mami” no sabría ni atarse los zapatos y quien sabe que haría con su hijx.

Como siempre,  el lenguaje nos inocuo, ni fuera de contexto, revela todo un sistema de pensamiento, toda una cultura. Somos la sociedad que somos porque tenemos el lenguaje que tenemos. No es solo una falta de respeto y un abuso de poder que como mujer llame al profesional de turno por su nombre o en su defecto su apellido mientras el/ella me dice “mami”, sin siquiera mirarme a los ojos. Como tampoco es casual que como mujeres reproduzcamos el esquema y andemos por la vida llamando a otras mujeres “mamis”, una sola palabra que explicita como las mujeres nos vemos y sentimos frente al sistema  médico hegemónico  y como este nos trata. El patriarcado exige de nosotras obediencia y sumisión, un cuerpo sin identidad e historia y mucho menos razonamiento propio que puede y debe  ser intervenido y manipulado según creencias y opiniones.

Que nos llamen “mamita” es infantilizarnos, es habilitar que puedan decidir por nosotras quienes saben,  quienes hacen todo “por nuestro propio bien y el de nuestra criatura” aunque eso se traduzca en intervenciones innecesarias que mutilen, maltraten y droguen nuestros cuerpos y que sobre todo minen nuestra integridad y nuestros derechos. No pueden llamarnos  por nuestro nombre y tratarnos como taradas, no pueden llamarnos  por nuestros nombres y esperar que sin más acatemos. Usar nuestro nombre implicaría tener que hacerse cargo que están frente a otro ser humano con derechos y ante todo con conciencia, por eso  tienen que cosificarnos e infantilizarnos, volvernos un ente abstracto sin historia y del que no tienen registro de manera concreta y personal, una entidad desvalida y frágil y con poca capacidad de entendimiento que es “mami”. Encima ellxs son tan buenos y nobles que toman todo el control y el poder sobre "mami" asi ella puede dedicarse tranquila a leer revistas ligth.

Somos personas con nombre e identidad propia, más allá de nuestra condición de embarazadas o madres, que es tan solo un aspecto de nuestra vida, ni nuestro destino por portación de útero, ni una invitación a que otrxs piensen y decidan por nosotras. Con esa palabrita que es tan dulce en boca de quienes si corresponde, es decir nuestrxs hijxs, se legitima, avala y nosotras aceptamos todo un modelo de salud, social, político y económico de sumisión, obediencia e invasión de nuestra sexualidad, intimidad y derechos, una palabrita que encierra y perpetúa el peso del patriarcado.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Reflexiones muy básicas y personales sobre el dolor en el trabajo de parto

1. Dolor no es igual a sufrimiento. El dolor es una realidad, el sufrimiento una elección

2. Al lado del dolor, antes, después, durante o encima de éste hay también mucho placer.... lo que no significa orgasmo. Pero si intentas resistirte a la contracción tampoco disfrutarás de ese inmenso placer

3. Bajemos el nivel de exigencia y expectativa ahora además de parir tenemos que sentir orgasmos? Que el parto sea un hecho de la sexualidad femenina no es lo mismo a que sea sexo y que haya orgasmos... Parir es intenso, glorioso pero no todo lo glorioso e intenso se reduce a un orgasmo, ampliemos el horizonte sobre lo que entendemos por placer y sexualidad

4. Si! parir duele, en la gran mayoría de los casos duele, si es por útero espástico, maldición bíblica o condición biológica no hace la diferencia en el momento … duele

5. Si estás con cabeza para pensar en la O, el balanceo tal, la respiración x, la visualización y, tranquila ésto aún empieza, tiende a ponerse más intenso. Si tienes neuronas disponibles para recordar, pensar e imaginar todavía hay mucho neocortex.

6. Las técnicas recomendadas para transitar un trabajo de parto pueden ser muy útiles, pero hechas solo como una listita, primando eso por sobre la escucha de nuestro cuerpo pueden jugar en contra. Podemos, por ejemplo entrar en “situación de parto” cuando aún es un preparto con el riesgo de agotarnos física, emocional y mentalmente. Algo que suele pasar es: primera contracción y empezamos con la pelota, las cuclillas, el masaje, la velita, como tratando de ir corriendo tras algo que sólo va a encontrarnos, desgastándonos en el proceso

7. Parimos con el cuerpo, con el útero, la vagina....parir es tierra, no nos vamos a iluminar pariendo, tan solo vamos a devenir madres, no se trata de encontrar a la diosa y todo su neocortex sino de abandonarse al cerebro primitivo y todo su instinto. Hay que embarrase, enchastrarse, entrar en modo animal on... vomitar, mear, cagar son parte del proceso y son bienvenidos!!!

8. Si evitas el dolor, si tu esfuerzo está puesto en no sentir, en evadir y evitar esa sensación y ese lugar de intensidad y no control no vas a parir más... lo siento hay que entrar en la boca del lobo, sientes que te mueres para dar vida.

9. Si estando embarazada piensas que parir duele tanto que literalmente te vas a morir, tranquila solo viste muchas películas y escuchaste muchos relatos de partos institucionales intervenidos

10. Cuando sea tan intenso todo que ya ni miedo al dolor tienes y creas que te vas a morir, que ahora si te vas a partir y pienses "hay que ser idiota para pasar por ésto , el próximo programo cesarea" ahí, justo ahí estás por parir

11. Si temes a un parto en casa por el dolor y crees que la epidural que te ponen en la institución es la respuesta a todos los miedos... es hora de informarte mejor, no solo sobre la peridural y sus efectos, sino también sobre todas las intervenciones de rutina (oxitocina sintética, estar acostada, tactos, etc) que entre otras cosas aumentan el dolor y aqui si el sufrimiento tanto de la madre como del bebé

12. Descree de cualquier método, libro, clase para "parir sin dolor", "parir más rápido" ... para parir hay que parir

13. Solo vas a saber lo que es parir cuando estés pariendo, todo lo demás es teoría.

14. Cualquier técnica, recomendación o tip, por respetuosa y fisiológica que sea cuando se implementa por rutina, porque si y sin consentimiento por parte de la madre, es una intervención invasiva y puede ser muy nociva. Cada parto es único, no hay generalidades que puedan estandarizarse

viernes, 31 de octubre de 2014

Partera u obstetra

Ante todo, en esto no hay ni malos ni buenos, ni peores ni mejores, tan solo dos modelos de atención distintos, dos especialidades diferentes. Unxs y otrxs son necesarixs e idónexs pero según que caso.

Históricamente, de la misma manera que el hospital desplazó a la casa y la leche de fórmula a la teta, el obstetra desplazó a la partera. Esta mal la institución, la leche de fórmula o el obstetra? No, para nada, pero su función no es la salud, en ninguno de los tres casos, sino la patología, los tres son necesarios cuando las cosas se salen del terreno de lo fisiológico.

El sistema médico hegemónico nos ha vendido y nosotrxs compramos que el obstetra está mejor capacitado para asistir un nacimiento, que es el profesional idóneo para estar encabezando el equipo de salud y que la partera es algo así como su asistente. Generación tras generación las parteras han perdido autonomía y reconocimiento y las mujeres y bebés partos/nacimientos fisiológicos.

Esto tiene raíces muy profundas en intereses económicos, políticos y de género, es decir patriarcado puro. Igual que unos vivos muy vivos se dieron cuenta que la mejor manera de hacer rentable a las instituciones médicas era ingresando personas sanas,  tratándolas como enfermas, con todo el gasto que esto supone en instrumental, instalaciones, insumos, equipo médico, medicinas, y demás (añadiendo que ingresan en 2 x1, entra una mujer embarazada y  facturan por mamá y bebé),  a otros vivos muy vivos (no hay x porque fueron hombres los que lo hicieron) pensaron que las parteras (mujeres) no  estaban en capacidad de hacer seguimiento a un proceso tan masivo,  tan rentable y que además da status, cómo dejar en manos del acompañamiento silencioso, tranquilo, paciente un proceso que puede agilizarse, intervenirse y hacerse más rentable? Cómo dejar de protagonista a una mujer cuando puede serlo el médico?

Actualmente, el obstetra es un profesional idóneo y capacitado, pero lo es para tratar con la patología, no con la salud y la fisiología, en ese campo, por formación es profesional idónea la partera. Obviamente hay obstetras que acompañan desde la fisiología, todxs podemos de-formarnos, pero son casos aislados, no en vano el panorama actual del nacimiento es la medicalización e intervención por rutina, los miles de estudios cada vez más complejos y menos fiables para corroborar y volver a corroborar; el discurso basado en el miedo y el riesgo, bajo o alto, pero riesgo al fin;  y al lado de la palabra embarazo y nacimiento siempre aparecen la lista de las miles de complicaciones posibles e imposible, todo esto porque hemos dejado en manos de sistemas de creencias aptos para tratar la patología un proceso sano  y no me cansaré de decirlo, que te traten como enferma es violencia obstétrica.

La partera está reconocida por la OMS como el profesional idóneo para acompañar un embarazo sano, asistir un parto normal y hacer la recepción de ese recién nacido sano, según estadísticas de la OMS estos criterios de salud y normalidad se cumplen en un 80% de los casos. Es decir que obstetras y neontólogxs deberían estar reservadxs para no más de un 20%. También hay estudios que demuestran que la atención en manos de parteras disminuye la morbimortalidad materno infantil. Esto seguramente está, entre otras cosas relacionado al hecho comprobado que a mayor nivel de medicalización e intervenciones de rutina existe un aumento significativo en los riesgos y complicaciones para la madre y el bebé.

En cuanto a la formación universitaria, una partera pasa 4 años estudiando todo lo relacionado al embarazo, parto y posparto inmediato,  su carrera gira en torno a eso, además hacen prácticas, más  la residencia. No se forma para asistente, se forma para trabajar de manera autónoma sin la supervisión de un médico, a quien en todo caso le derivará los casos donde su presencia sea realmente necesaria (no más del 20% de los casos)

Por qué entonces las parteras están relegadas y consideradas como la asistente del médicx? Por qué está todo diseñado para que su función sea prepararle el terreno al médico que llega para cortar el cordón? Por qué las mujeres pedimos a gritos la presencia de un obstetra para sentir que estamos en buenas manos? Por qué en las cartillas de las obras sociales y prepagas no hay parteras? Por prejuicio, desinformación y desactualización! Y también por una cuestión de status, de la misma manera que aceptamos la institución y la leche de fórmula porque nos dijeron que era de mejor calidad que la casa y la teta, y que optar por eso es lo mejor y de alguna manera demuestra nuestro poder adquisitivo y mayor nivel cultural e intelectual, de la misma aceptamos al obstetra porque su titulo nos parece de mayor jerarquía.

Que las parteras recuperen su autonomía y se las reconozca  como profesionales idóneas para la atención del embarazo y parto es apostar porque las personas gestantes recuperemos el poder de atravesar fisiológicamente un hecho fundante de nuestra vida sexual e íntima y es apostar también porque el protagonismo regrese a la mujer y al bebé, sacando del centro de la escena a la intervención y medicalización. 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Hacer partos

Es muy común escuchar en boca de lxs profesionales que asisten nacimientos la frase “yo hago partos” y también muy común que las mujeres y la sociedad en general repitamos ese discurso.

Esto que a simple vista parece una elección inofensiva en las palabras, en realidad demuestra todo un sistema de pensamiento y creencias en torno al nacimiento y la función de quienes lo asisten. Somos la sociedad que somos porque tenemos el lenguaje que tenemos, no hay nada azaroso en ello.

Antes de la entrada de los nacimientos a las instituciones médicas y del desplazamiento de las parteras por la figura del obstetra, el parto era visto como un proceso natural que había que acompañar y sostener desde el silencio, la conciencia y la paciencia. Sin embargo la entrada a la institución significó un cambio en el paradigma que hizo que se concibiera el embarazo como una enfermedad y el parto como un acto médico, de esta manera se gestó un cambio dramático en el modelo de atención y pasamos a ser intervenidas y medicalizadas por rutina a tal punto que se habla incluso de “manejo activo del parto” que no es otra cosa que la legitimación de los trabajos de parto inducidos y conducidos medicamente por los profesionales de la salud, donde quien desempeña el rol activo es el profesional y la mujer queda  relegada a un lugar pasivo, donde es tan solo un pedazo de carne, un cuerpo que debe ser controlado, intervenido y conducido, despojada asi de la conciencia y el poder sobre su cuerpo y el proceso que está viviendo. En este contexto es real que son ellxs quienes “hacen” los partos, son ellxs quienes determinan cuando debe empezar, cuanto tiene que durar y los manejan con intervenciones y medicalización para que se ajusten a sus tiempos y protocolos.

Es verdad que los avances médicos y científicos nos ha proporcionado maniobras, aparatos y medicación que pueden ser de mucha utilidad a la hora de garantizar el bienestar de la madre y el bebé, pero es cierto también que, por un lado, según cifras oficiales y reconocidas solo el 20% de los nacimientos se los considera de riesgo y por ende justificada la intervención y lo que es aún más paradójico, se ha demostrado también, que estos mismos avances usados de manera rutinaria e indiscriminada han aumentado dramáticamente los riesgos para las mujeres y sus hijxs.

Esta aparente inocente palabra da cuenta de la verdadera raíz que sustenta el modelo de atención en el que hoy estamos sumidxs. Es el profesional, con todas sus intervenciones, aparatos y medicinas, quien es el protagonista del nacimiento y la madre y el bebé pasan a ser meros espectadores y utilería del despliegue médico. Lo que está en el eje, lo central e importante es el equipo médico, son ellxs quienes parecen ser indispensables en el nacimiento, incluso podría no venir la madre que ellxs hacen el parto igual. Esta visión es la que ha legitimado que nos roben nuestros partos, nos expropien de nuestros cuerpos y nos nieguen recibir a nuestrxs hijxs en amor e intimidad y no rodeadxs de miedo y violencia

Los únicos indispensables en un nacimiento, y por ende los verdaderos protagonistas son la persona gestante y su hijx, todo lo demás es escenario y secundario.

Pero esta palabra no es solo peligrosa por el hecho de poner al equipo médico como protagonista, sino porque revela también la concepción de base que ostenta el sistema médico hegemónico a la hora de concebir la atención en un nacimiento. Se trata de hacer, de intervenir, de medicalizar, si no para que inventamos todo lo que inventamos? si no como demostramos toda nuestra omnipotencia?

 A ojos del sistema médico hegemónico, un buen profesional tiene ante todo que desplegar toda su capacidad realizando intervenciones de rutina demostrando así, nacimiento tras nacimiento toda su pericia y saber y la importancia de su presencia. Existe una creencia perversa, que se extiende también a los neonatólogos y que opera de manera inconsciente como un río subterráneo, según la cual si el profesional no hace nada durante el nacimiento su presencia era innecesaria y su capacidad nula. Decir “yo hago partos” no es solo robar el protagonismo si no evidenciar que la manera de atención que tiene es desde la intervención indiscriminada, un modelo de atención que  se fundamenta también en la confianza ciega en las máquinas, las medicinas, las intervenciones y la duda permanente sobre la capacidad que tenemos las mujeres para parir. El triunfo de la manipulación sobre la fisiología. Justo lo contrario a lo que demuestra la evidencia médica y científica. Un parto se asiste, se acompaña, no se hace, ni se controla, ni se conduce.

Necesitamos profesionales que sepan cual es su lugar, en la sombra y como sostén y guardianes de un proceso fisiológico y que sepan también que es lo que se espera de ellxs, que NO hagan por hacer, que no metan mano porque no pueden con su deformación profesional, su costumbre y su impaciencia, pero ante todo necesitamos mujeres conscientes de su poder, de su protagonismo, que se informen, que busquen, que investiguen más allá de lo que su equipo médico tiene a bien decirles, mujeres que sepan desde el útero que los partos son suyos y de sus hijxs. Y necesitamos también compañerxs y familias que acompañen y nutran este camino,  porque el sistema lo cambiamos quienes lo padecemos, quienes lo ejercen están muy felices consigo mismxs. 

lunes, 27 de octubre de 2014

La ambulancia en la puerta

-       voy a parir en casa!
-       vas a tener una ambulancia en la puerta no?

Por algunas de esas cosas de las leyendas urbanas tenemos la loca idea que en los países europeos donde el parto domiciliario es un modelo reconocido e  incluido dentro del sistema de salud público las mujeres paren con una ambulancia en la puerta, obvio esto además de un cuento mitológico habla de los prejuicios y el desconocimiento que tenemos como sociedad sobre lo que es un parto domiciliario planificado.

Socialmente imaginamos que el parto planificado en domicilio siempre está rodeado de la tragedia, la emergencia y el peor panorama posible, todo esto obvio mediado por la negligencia de unxs p/madres que se ponen a seguir modas sbnos y unxs profesionales atravesadxs por la mala praxis y cuando todo “sale bien” es obra de la buena suerte, el azar se apiadó de nosotrxs. Las historias propias de película de terror de Hollywood que circulan sobre el parto en casa, con mujeres que estallan de una manera médicamente imposible y bebés con todo tipo de problemas en partes del cuerpo que ni siquiera existen son el denominador común de lo que tenemos escuchar las personas gestantes que elegimos nuestro domicilio para parir.

Con ese panorama obviamente la preocupación por una ambulancia en la puerta y ojalá con banco de sangre y quirófano y una unidad de neonatología de alta complejidad y si se puede superman dentro es indispensable. Pero repito, esto solo es desconocimiento, desinformación y prejuicio y es además desviar el problema real al que se enfrentan las mujeres que por razones diversas necesitan usar un plan b, es decir un traslado a una institución

Ante todo la mayoría de quienes eligen parir en casa terminan haciéndolo, solo un pequeño porcentaje necesita un traslado y entre las razones de este no se encuentran las emergencias reales, salvo en casos rarísimos. Un parto planificado en domicilio no es un acto librado al azar, lxs profesionales que asisten en casa están capacitadxs para detectar señales que indican que el proceso se está saliendo de la normalidad y que podría ser momento de pensar en usar el plan b, con lo cual la salida de una casa se da en tiempo y calma, con una mujer que sale de su casa por sus propios medios y con un bebé en perfecto estado, de hecho el motivo más frecuente de traslado es lo que se conoce como “cansancio materno”, nada más lejos de una emergencia y una tragedia

Sin embrago, en algo tengo que darles la razón, efectivamente los traslados pueden ser un problema, pero no por tratarse de una emergencia o por el medio de trasporte, lo difícil no es, en ningún caso llegar a la institución, lo que es una verdadera complicación es el ingreso y la recepción de esa mujer. En un sistema dominado por el prejuicio y la información desactualizada muchas mujeres son víctimas de violencia obstétrica y maltrato como “castigo” por intentar parir en sus casas; muchas también son mal atendidas, sometidas ellas o el bebé a intervenciones innecesarias como resultado de la ignorancia sobre lo que es un parto en casa planificado por parte de los profesionales de la institución, quienes además suelen sentir que están por encima de quienes asisten en casa, desestimando el parte que estos puedan entregar.

La mayoría de mujeres que planifican un parto en casa tienen miedo de tener que necesitar un traslado y quedar en manos de una institución hostil, los profesionales desconfían del trato que puedan recibir las mujeres como castigo a su elección y las instituciones en su prepotencia ni si quiera se preguntan por qué?

El que los traslados sean un problema es responsabilidad del estado y del sistema médico hegemónico que no reconocen el parto domiciliario como un modelo más de atención, de la misma manera que niegan la existencia de quienes lo elegimos tratándonos de locas, snob o hippies, como si por eso no mereciéramos entonces que se garanticen nuestros derechos, papá estado nos castiga por salirnos de la norma.

El reconocimiento del parto domiciliario como modelo de atención no es un pedido caprichoso, sino que entre otras cosas es la garantía que tenemos de que exista una articulación fluida entre la institución y lxs profesionales que asisten en domicilio, que propenda por el bienestar de la persona gestante y el bebé.

Por ende, a esa enorme proporción de la sociedad que nos pregunta por la ambulancia en la puerta, ya que nuestro bienestar les preocupa, cosa que agradecemos enormemente los invito a que como ciudadanxs se sumen a la lucha que llevamos a cabo distintas organizaciones para  resguardas los derecho de las personas gestantes, bebés y familias durante el embarazo, parto y posparto. Y señores y señores legisladorxs ya es hora que el estado deje de desviar el foco preguntando por la ambulancia y empiecen a informarse con evidencia médica y científica y a garantizar nuestros derechos.
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