martes, 6 de mayo de 2014

El poder del pensamiento


Los pensamientos no son inocuos y no me refiero a los pensamientos positivos o negativos, sino al poder de las creencias y paradigmas como sustentadores de un sistema. En la base está el pensamiento, es allí donde se gestan los actos. Somos la cultura que somos porque hemos diseñado el sistema de creencias y pensamiento que tenemos;  y que tan poco nos atrevemos a cuestionar; total cada unx tiene derecho a pensar lo que se le antoje y si! Obvio cada unx tiene ese derecho pero no es inofensivo, ni da lo mismo, ni es igual... los derechos vienen con responsabilidades cuando somos adultxs.


Desafortunadamente más violento que el golpe es el pensamiento que lo hace posible, en primer lugar porque el golpe es visible, detectable y condenable, el pensamiento por su parte, pasa desapercibido y muchas veces es minimizado, cuando no legitimado, y por otro lado porque un golpe no hace a una cultura, es tan solo un síntoma, un signo, deplorable seguro, pero nada más que un síntoma, en cambio las creencias son las que nutren y sostienen a una cultura, son las que la llenan de razones y argumentos; al patriarcado lo sostenemos con nuestra manera de pensar aunque no vayamos por ahí repartiendo golpes. Y tal vez será por eso que es tan difícil cuestionar pensamientos, porque además el pensamiento se hace costumbre y llegamos siempre al mismo lugar por el mismo camino, es un lugar calentito, confortable, cómodo, conocido y encima siempre podemos escudarnos en que no es para tanto lo que hemos pensado o dicho porque total es solo eso, un pensamiento o una palabra -que tanto puede importar-…

Y para más problema, nos han enseñado que somos nuestra manera de pensar y no es cierto, hemos aprendido a pensar de una manera determinada, tenemos un cúmulo de creencias, herencia de nuestro sistema cultural y familiar y producto de nuestras experiencias de vida, pero ni de lejos somos eso, aunque tanto nos esforcemos por defenderlo, gracias que existe el poder de cuestionarlo-nos, el tema es que nos consideramos por un lado tan identificados con nuestra manera de pensar que hacemos personal un cuestionamiento que pueda venir a ponerlo en duda y ahí cerramos filas y es el otrx el problema y por otro lado tendemos a minimizarlo y así nos quedamos siempre con las hojas sin entrar jamás en las raíces que hacen posible ese árbol particular.

Es muy extraño notar como muchas veces un pensamiento que legitima y habilita una conducta violenta es normalizado y hasta celebrado, porque como no pasamos a la acción (o no es visible aún ese acto) pues no es tan grave, es tan solo una opinión, cuando lo cierto es que hacemos lo que hacemos, porque pensamos lo que pensamos, y permitimos lo que permitimos porque creemos lo que creemos, es en nuestras creencias donde se alimenta el patriarcado, por eso es tan poderoso porque no solo se nutre de lxs “violentxs visibles” sino de todxs lxs “violentos pasivxs”, que encima somos lxs más peligrosxs, porque tan solo miramos de lejos creyendo que nada tiene que ver con nosotrxs y porque además creemos que no tenemos nada que revisar, ni ningún tipo de responsabilidad, cuando en realidad tenemos una forma de pensar cómplice. Es simple tenemos un sistema de creencias y pensamiento violento en si mismo, aunque vayamos por la vida siendo muy buenitos.

Lo mismo pasa con el lenguaje, lo consideramos inofensivo, cuando es allí donde se manifiesta en primer lugar nuestra sistema de creencias, es por asi decir el primer contacto con el afuera y por donde se cuelan todos nuestros prejuicios y quedan expuestas nuestra violencias normalizadas y  habilitadas; sin embrago cuestionar el lenguaje, lo que decimos y como lo decimos parece ser obra de gente retorcida y enroscada y rápidamente incluso podemos convertirlo en un tema de moral, de no soportar ciertas palabras, no por aquello que están diciendo de nuestras creencias sino por un tema de fonética, así de simplistas somos.

Asi queda claro, para mi, que el mejor amigo del patriarcado es nuestro ego, nuestra incapacidad para ponernos en duda y revisarnos y dejar que otros pongan luz allí donde están nuestros puntos ciegos, donde nos sentimos tan identificados con nuestros pensamientos. Que alguien cuestione nuestra manera de pensar lo vivimos como un juicio, un ataque y rápidamente viene la defensa y la soberbia y  tal vez lo es, pero tal vez no es personal y tan solo alguien del otro lado está tratando de sacarle razones a la violencia y por ende al patriarcado… me parece que bien vale escuchar y dejar entrar… y ya para hacerlo perfecto, que mejor manera de agradecer a ese alguien que se anima a cuestionar el sistema que nos oprime (disfrazado de creencias y palabras sueltas) y abrir el diálogo y el debate, ayudarle también a ver sus propias razones para la violencia… 

Tal vez por eso siento que el mejor legado que puedo dejarles a mi hijas es que lo cuestionen todo, sobre todo a mi

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