jueves, 14 de agosto de 2014

Sexualidad y ma/paternidad

Escrito para el número 7 de  Enredo de Las Casildas

Vivimos en una sociedad que ha reducido la sexualidad al sexo  y el sexo  al coito, que equipara placer a tener sexo y deseo a eso que sentimos por un/a otrx cuando queremos tener relaciones sexuales.

Pertenecemos a la cultural del pecado y el elogio a la racionalidad, donde el cuerpo es malo o de segunda categoría. Donde manifestar deseo te deja expuestx y vulnerable, te hace débil y buscar placer es sinónimo de no "hacerte respetar". Pesa mucho sobre las mujeres la idea de ser “fácil”, como si la incapacidad para manifestar deseo y buscar nuestro placer fuera algo de lo que enorgullecernos y pesa sobre los hombres la idea del macho semental que es todo potencia sexual, aunque la sensación de placer sea mínima y la de vacío máximo.

Estamos inmersxs en el paradigma del objeto de deseo más que del sujeto sexual, donde nos han enseñado que lo importante es ser deseables más que deseantes, saber dar placer más que buscarlo o recibirlo.  
Crecemos escuchando “no se toca”, “no se hace”, “es sucio, feo o malo”, acallando nuestro cuerpo, sus impulsos, sus deseos, porque hay distancia cuando necesitamos contacto  y excusas donde necesitamos cuerpo.

En general con todo esto encima, como buenos hijxs del patriarcado llegamos a la ma/paternidad y cuando 1 y 1 hacen 3 es muy frecuente escuchar que parece que se acabó la sexualidad, que la líbido naufraga y somos de golpe dos desconocidos que no tienen espacio para el encuentro; como si de una pareja enamorada pasáramos por arte de magia a ser padre y madre con vínculo a través de lxs hijxs, el universo propio de la pareja se ha perdido. La ma/paternidad trae cambios vitales en cada unx de los miembros de la pareja, así como en la pareja misma, y es importante resignificarse en  esos cambios, pretender que todo siga igual es hacerle el juego al patriarcado, pero las raíces de aquello que nos distancia son muchos más profundas, y se cimentan en la historia personal, la de la pareja y la de la cultura en la que estamos inmersos.
Es cierto que por un lado la líbido de la madre está principalmente dirigida a la criatura (supervivencia de la especie) y que también puede tornarse logísticamente más difícil, nos juega en contra el sueño, el cansancio, los horarios de lxs niñxs, pero hay una cosa indudable: lo que no hay ahora tiene raíces en lo que no hubo antes, a veces la m/paternidad solo deja impunemente expuesto algo que estuvo siempre, es la grieta o la excusa que saca a flote el río subterráneo. 

Un desértico vínculo sexual no habla de la llegada de lxs hijxs sino de los cimientos sobre los que nos construimos como pareja y sobre los que cada unx se ha construido como individuo. Y aquí ampliamos el cerco que el patriarcado nos ha impuesto, ya que hablar de sexualidad no es necesariamente hablar de sexo, ni de frecuencia, ni de orgasmos o posturas, el vinculo sexual no está solo relacionado con la cantidad de encuentros sexuales que podamos tener, cuya frecuencia puede aumentar o disminuir y que solo da cuenta de un hecho puntual. Nuestra sexualidad no es eso  que empieza con la primera caricia /beso y termina  unos minutos (pocos o muchos) después con el orgasmo. La sexualidad de una pareja es en realidad  la capacidad que tenemos para encontrarnos y vernos, para expresar nuestros deseos y  buscar nuestro placer,  es la intimidad del vínculo que forjamos y es ahí donde tenemos que ir a buscar las raíces del desencuentro.

Por otro lado, a nivel social, más allá de los prejuicios y tabúes más conocidos, el patriarcado sigue reprimiendo y así otro factor determinante en esta nueva condición, en este pasar de ser una pareja a ser una familia y el impacto que eso trae a nuestra vida sexual es el hecho de la gran mayoría de las mujeres devenimos madres en partos que más que acrecentar nuestro poder minan nuestra dignidad e integridad (física y emocional), asistimos a uno de los hechos más importantes de la sexualidad femenina generalmente atadas, drogadas, mutiladas, manoseadas y como meras espectadoras, nuestro cuerpo lejos de experimentar el poder sexual de dar vida y traerla a este mundo, se ve convertido en un pedazo de carne que es manipulado, intervenido, maltratado “por nuestro bien y el de nuestra criatura”. Y así el parto, pasa de ser un poderoso hecho sexual que nos atraviesa y nos trasforma para convertirse incluso en una violación, de la que nuestro cuerpo y nuestra psique tienen registro, aunque nuestra mente lo niegue y todo un sistema nos acalle. Muchas veces entramos mujeres sanas repletas de vida y salimos infantilizadas y rotas, literalmente cortadas. Y a su vez,  la gran mayoría de las parejas de esas mujeres devienen ma/padres en total desconexión con el proceso sexual de esa mujer que pare y esx hijx que nace, incluso de una aterradora manera si han tenido la “suerte” de presenciar el nacimiento de sus hijxs, en realidad han sido testigos de la tortura a la que el sistema médico ha sometido a su pareja y a su hijx, cómo volver a mirarse después eso? Aunque racionalmente lo hayamos normalizado y legitimado, cómo volver a encontrarnos sexualmente íntegros después de haber atravesado esa experiencia y sin tener posibilidad de sacarlo a la luz, porque justamente nos vendamos creyendo que era lo mejor, ni siquiera contamos con la posibilidad de repararnos porque no somos conscientes o no nos permitimos serlo de lo rotos que hemos quedado. Y así esa pareja lejos de vivir y compartir un hecho maravilloso de la sexualidad humana, de tener la posibilidad de resignificarse y re-encontrarse como compañerxs, se ven abocadxs ha experimentar un ultraje e inaugurar la ma/paternidad y el hecho de ser compañerxs de crianza con esa herida y ese crimen a cuestas.


Sin embargo, soy de mirada resiliente,  por lo que creo que si realmente  lo deseamos la m/paternidad puede ser incluso una oportunidad para re-enamorarnos y re-inventarnos en el deseo y el placer, requiere honestidad y ganas obvio, pero hay algo tan dulcemente descarnado en el puerperio que nos deja tan desnudas, que nos pone en contacto con nuestros anhelos, miedos y vivencias más profundas, que es una oportunidad maravillosa para dejar de vernos y empezar a mirarnos, para construir una relación desde lo que realmente somos y no de lo que quisiéramos demostrar.  Y además seré muy romántica pero, cómo no enamorarse de una nueva manera de esa mujer que es regazo y sostén de nuestra criatura y de esx compañerx que es guardíán y amparo de la diada?


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