viernes, 29 de julio de 2011

Nosotras parimos, son nuestr*s hij*s quienes nacen


Ésta es una de esas entradas que necesitan párrafo aclaratorio; desde hace 3 años, 6 meses y 29 días que pienso y repienso y poco a poco he ido descubriendo el nacimiento de Kyara, he ido encontrando sus porques, sus vacíos y sobre todo mi voz y mi papel en todo ello.

Aún me queda mucho por desentrañar y traer a la luz, aun me falta mucho camino por recorrer, sin embargo voy encontrando luces, sacando conclusiones, generando reflexiones, y hablo sobre mi, pero no solo de mi, encuentro luces sobre mi, pero que no son solo mías y a veces descubro reflexiones que al principio parecería que no se aplican a mi, sino a otras y que luego son mías, mías completamente y otras que aún sigo sin reconocer como propias; al hacerme madre y hermana de otras madres he podido ver también a través de sus ojos y vivencias y ya mi historia personal se queda pequeña para explicarme el mundo y siento que mi historia se entrecruza y se entrelaza con todas aquellas que han sido, son y será madres y también con tod*s aquell*s que han nacido, están naciendo y nacerán ... ésta es una de esas reflexiones…

Siempre he sostenido que no hay peor maltrato que el encubierto en el "es por tu bien", disfrazado del "yo lo hago todo por ti", no hay peor manera de arrebatar el poder que vender la idea de que están de tu lado, que te lo dan todo y se entregan a ti ... ya varias veces me he encontrado diciendo, escuchando y leyendo comentarios de mujeres que alaban a los profesionales (obstetras, parter*s, enfermer*s etc) que las acompañaron en su parto y que dicen abiertamente que sin ell*s no habría sido posible, que son ell*s quien han hecho el milagro, como si es*s otr*s fueran más indispensables que nosotras mismas o nuestras criaturas en el momento del parto-nacimiento y se ven así mismas como pequeñas discípulas o pupilas que tuvieron la suerte de ser guiadas y tocadas por la mano mágica y salvadora. Y no me refiero ahora a los partos medicalizados y/o hospitalarios sino a algunos (aclaro algunos) de los partos respetados y partos en casa, donde las mujeres cuentan su maravillosa experiencia bajo la tutela del gran hacedor de milagros, del gran hombre sabio, en vez de la experiencia de la mujer-hembra que se hace madre y encuentra su poder, su naturaleza, su esencia, se descubre gestadora, paridora, mamífera; experiencia que vive acompañada y respaldada pero empoderada.

No estoy poniendo en duda la labor de muchas mujeres y hombres en el camino de regresar al parto su carácter sagrado y en retornar el poder a la mujer, no hablo aquí de ell*s, para ell*s no tengo más que profundo agradecimiento, amor y respeto; hablo aquí de aquell*s quienes en nombre del parto humanizado y respetado siguen acaparando el poder y el protagonismo y se erigen como gurús y sumos sacerdotes y sacerdotisas de una nueva religión, donde ell*s son al tiempo oficiantes y objeto de adoración y que cambian el poder del hospital y la ciencia por el poder ser el/la unic* que te hace parir, si te HACE parir, hablo aquí de aquell*s que aún no quieren soltar el poder, no quieren dejar la luz del escenario y entregar el protagonismo para tomar el verdadero lugar que les corresponde, de mano invisible que acompaña y ampara, pero que ni hace, ni es centro.... obviamente, para bailar un tango se necesitan dos, alguien que entrega su poder y alguien que lo arrebata...

Me molesta, si me molesta! Me molesta que sigamos hablando del médico, el/la parter*, etc, etc…como el gran gurú y aún más que sigamos creyendo que el parto lo garatiza el médico o parter* que nos acompaña y no nuestra capacidad intrínseca de dar a luz; somos nosotras quienes parimos, son nuestros hij*s quienes nacen. Y como para bailar un tango se necesitan dos, me molesta que es*s profesionales se paseen con aura de superioridad y sea su ego quien se nutra con cada parto-nacimiento; y yo repito somos nosotras quienes parimos y son nuestr*s hij*s quienes nacen y es labor de todo aquel que decida volcarse a acompañar nacimientos manejarse en la sombra, de hecho si ha sido figura protagónica (sin que medie ninguna emergencia) temo decir que han fallado, porque su labor debe ser silenciosa e invisible

Si, hay mucho que caminar. Si, siempre preferiré un gurú del parto de casa que un carnicero de hospital, obvio, en uno media violencia explicita y en el otro que te sigan vendiendo la idea que otr*s son mejores, más sabios, más capaces. Eso es también maltrato, e infantilización y no me gustan los dobles discursos, les temo más que a los abiertamente descarnados, los que se descubren fácil porque son evidentes, estos en cambio quedan en un lugar sombrío, operando en la oscuridad, minando de a poco. No estoy de acuerdo con que hablen del poder de la mujer, de la protección del parto y el nacimiento como momentos sagrados y que luego usen nuestro momento de intimidad para ser l*s grandes salvador*s de la noche, para seguir jugando al héroe.

Cuando sientes que te parieron a tu hijo, ya sea en una cesárea - innecesárea o en un parto en casa, en agua y con todos los chiches, sigues siendo infantilizada y de alguna manera mutilada. A veces hablamos del parto como si fuera un fin en si mismo, como si importara solo por si mismo y queremos el recuerdo para la postal navideña, pero creo que el poder para parir, está vinculado con el poder para criar y el poder para educar, y nace con el poder para concebir y gestar. Es un todo y cuando se rompe, cuando te paren a tu hijo es más difícil sentirte entera y capaz de criarlo, sostenerlo, nutrirlo, es más fácil entregar de nuevo el poder para que otr*s decidan por encima de la voz de tus entrañas y por encima de los deseos/necesidades de tu criatura.

De un parto no solo debe salir una mujer con un bebé en brazos y una hermosa historia para contar, de un parto ante todo debe nacer una madrentrañable, una hembra plena y completa, que se hace cuerpo y habitat para su criatura, que se funde y simbiotiza con la nueva vida, que da raíces y alas y para ello es necesario que conozca y reconozca el poder de su deseo, de su instinto y sus entrañas. Y de un nacimiento no solo debe salir un bebé sano, de un nacimiento ante todo debe salir un ser human* respetado, amado y sostenido, un ser human* con regazo donde ampararse y cuerpo para sus deseos.

Una vez más hermanas, nosotras parimos, son nuestr*s hij*s quienes nacen ¡hagamos cargo!

martes, 26 de julio de 2011

Banco de Sacaleches!


Del 1 al 7 agosto celebramos la Semana Mundial de la Lactancia Materna en más de 120 países. Para este evento Las Casildas lanza en Argentina una campaña con el objetivo de crear el primer Banco de Sacaleches gratuito, una red de solidaridad entre madres, entre hermanas que maternan para que todas aquellas que por razones laborales y/o médicas o de otra índole tengan que estar separadas de sus criaturas y deseen continuar con la lactancia tengan acceso a sacaleches de buena calidad que les ayuden a la extracción de leche materna que por un lado será el alimento de sus hij*s en su ausencia y que por otro lado ayudará a mantener la producción de leche.

La lactancia materna, a mi modo ver y según mi propia experiencia es uno de los pilares de la diada madre-criatura, y por ende del desarrollo emocional y físico del bebé. Proteger y garantizar este vínculo es construir un mundo basado en el amor, la nutrición y la capacidad de "darnos" al otr*, es apostar por una realidad de seres human*s satisfechos y empáticos.

Y si bien parece que la lactancia es solo cuestión de maternidades, no es verdad, la lactancia es amor y el amor nos compete y nos involucra a tod*s. No es solo responsabilidad de la madre y en el mejor de los casos del padre procurar y garantizar la lactancia, sino que es asunto de tod*s, de una sociedad que se gesta y se reinventa con el nacimiento de cada nueva criatura .

Normalizar y respaldar la lactancia es mucho más que solo respetar las decisiones de cada quien, es contribuir para que sean viables, es aportar para su construcción, es generar solidaridades y acompañamientos allí donde el sistema busca romper el tejido, allí donde el estar aisladas nos deja vulnerables y aveces rotas. Y como red que ampara es apostarle a un mundo donde primen las necesidades de l*s pequeñ*s, donde nos importe su felicidad y salud, donde el amor sea guía, donde estemos dispuest*s a involucrarnos con l*s otr*s desde el respeto, la responsabilidad, el reconocimiento y la solidaridad.

No creo que la lactancia sea la única de amar y respetar a nuestr*s hij*s, pero si tal vez la más directa y la más natural. Un bebé, un niñ* no sabe del amor de su madre por la cantidad de veces que se lo dice, ni la cantidad de horas que pasa pensando en él, el amor para un niñ* no es discurso, ni es abstracto, es cuerpo, es necesidades cubiertas, es presencia y permanencia y la mejor manera de aprender a amar es poniendo el cuerpo.

Así que ya saben, tod*s aquellas que tengan un sacaleches en desuso y deseen donarlo pueden comunicarse con Las Casildas o en su blog LasCasildas o conmigo a través del blog o en e-mail para organizarnos para buscarlo. Y también tod*s aquell*s que quieran sumarse a esta red, a esta propuesta por favor no duden en comunicarse! Entre tod*s hagamos posible lactancias respetadas! Entre tod*s hagamos otro mundo posible!

sábado, 16 de julio de 2011

Esta geografía tuya y mía


Antes de ser nosotras yo era solo yo, y entonces creía que era yo la que decía y deseaba, que era quien tenía, era y poseía...

Antes de ser nosotras, este cuerpo que ahora te acuna, te acompaña y te cuida era mío, y en ese entonces, que parece tan lejano, yo me creía dueña y poseedora de él, yo creía que era quien dictaba las normas y daba los permisos, que era mío y solo mío, que nadie tenía poder sobre él, ni sobre él intervenía; algo intuía y entendía del cuerpo que se construye socialmente, de las miradas y paradigmas que culturales que conforman mi interior, pero todo de cabeza y por ese entonces me creía mujer liberada y fin de la historia. Ahora que tu lo habitas y lo has reclamado como tu tierra, me doy cuenta que jamás fue tan mío como ahora que es nuestro, que antes de nosotras no era yo quien tenía poder sobre él y que es ahora cuando lo hemos hecho tu regazo que me devuelves mi cuerpo hecho mío. Ahora que se ha llenado de sentido, ahora que he tenido que defenderlo de los "deber ser" y las normas sociales, de lo correcto y los modelos ( de mujer, maternidad y ser humana) para hacer de él tu nido y raíz, ahora que he entendido que es poderoso, insumiso y rebelde por amarte y brindarse para tu sostén.... ahora, por fin empieza a ser mío, ahora que lo he defendido para ti, lo he fortalecido para ti y he hecho de él un asunto público y político, ahora que en el transito de hacerme madre he tenido que saber de mi, escucharme a mi, quererme a mi a la par que he sabido de ti, te he escuchado a ti y te amado a ti, ahora, recién ahora este cuerpo empieza a ser mío.

Antes de ser nosotras, este corazón que ahora acompasa tus latidos, se une a tu pulso y a tu ritmo vital era mi corazón y como tal lo creía el centro de mi amor, el núcleo de mis afectos, la voz de mis deseos. Lo enarbolaba como la más grande prueba de mi bondad y generosidad, de mi capacidad de fundirme con el otr* y entregar mi amor... ahora que nos hemos gestado y que tu has nacido a la vida y yo he renacido a ella, ahora que me he transformado en regazo que nutre y protege y en puente que comunica con el mundo, recién ahora he visto lo cerca que está el corazón de los "es por tu bien" y "a mi me duele más que a ti", ahora puedo percibir el amor del corazón como un amor inventado para poder hacer de él instrumento de condiciones y condicionamientos, de reglas y carencias, ahora que me has habitado puedo por fin amar y entender mi útero, mis entrañas como el centro de todo amor y deseo, como la capacidad innata de desear y complacer tu bienestar, tu felicidad y satisfacción y a través de ello entender una nueva dimensión del amor, sin fronteras, ni porques, tan solo amar por el placer de hacerlo y nutrir por el deseo de hacerlo

Antes de ser nosotras poseía mis principios, mi ética, que creía míos e invaluables… valores y principios productos de mi historia, pero también de la de aquell*s que me precedieron. Antes de ser nosotras, había estudiado y aprendido muy bien mis verdades absolutas y las había llenado de razones; creía en el sentido común y en el orden de las cosas. Tú me hiciste carne, me hiciste tomar conciencia de la sangre que me recorre, el aliento que me invade, la masa de tejidos, músculos y huesos que me conforman; en el acto de gestarte y darte vida tome conciencia de mi propia existencia y de golpe empezó a pensar más la vida y menos la supervivencia. Y todo aquello “bueno y malo”, “mejor y peor”, “correcto e incorrecto” dejó de ser referente y horizonte sobre el que medir y empezó a pesar la alegría, el bienestar, la risa y la fusión (la tuya, la mía, la suya, la nuestra) como camino a elegir.

Antes de ser nosotras, era solo yo, un yo hecho de retazos de todas aquellas “verdades” heredadas y trasmitidas por tod*s aquell*s que también se creyeron suy*s. Antes, era solo un cúmulo de todo aquello que los condicionamientos y paradigmas dejaron para mi, un yo que se creía suyo, pero que en realidad era atravesado por todo lo que se suponía verdadero y bueno, cuestionado por mi tal vez en la superficie, pero no en su raíz. Ahora, hija, ahora que soy nuestra, tengo que reinventarme y reinventar un universo posible para todos tus posibles, ahora no tengo más remedio que desnudarme, sacarme el traje aprendido, el vestido heredado, la máscara impuesta y entregarme a nosotras, sin muchas certezas y con muchas preguntas, sin muchas verdades, pero deshaciendo las mentiras. Ahora que soy tuya y no solo mía, me doy cuenta que nunca he sido tan libre para ser yo misma.

Una vez más, gracias hija

martes, 12 de julio de 2011

El amargo sabor del sutil maltrato


a mis hermanas que ponen luz donde antes había sombra!


Maltratos hay muchos, de diversos tipos y diversas intensidades, hay unos reconocidos e incluso rechazados y otros que están normalizados y legitimados. Pero más allá de lo que consideremos aceptable o no, maltrato es violencia, sin justificaciones ni atenuantes…

No pretendo aquí, poner en la balanza para determinar cual es peor o cual menos peor, ni hablar a favor de uno en detrimento de otros… tan solo me interesa compartir la reflexión a la que he podido llegar gracias al acto de dialogar, de contar y contarnos el mundo, de hablar para entendernos (no solo lo un*s a l*s otr*s sino sobre todo cada un* consigo mism*) me interesa volcar en lo público lo que entendí en lo privado…

Hace unos días una de mis hermanas (de tribu) mientras hablábamos sobre la importancia de la tribu ella comentó: "yo no tenía a nadie con quien charlar, un día llegue a llamar a la línea de mujeres maltratadas, y me preguntan, "pero señora, usted recibe maltrato" y yo, "no, pero tengo un niño pequeño y no tengo a nadie con quien hablar, y estoy muy deprimida"....

Y yo entendí! Claro que es maltrato, estar sola con un bebé en brazos, con su hambre devoradora, su deseo sin tregua, su necesidad inminente, sola, sin ningún sostén, sin brazos donde refugiarnos, sin hombros donde respaldarnos, sin ojos, ni oídos donde volcar nuestras incertidumbres y certezas, nuestras angustias y enormes alegrías… eso es maltrato, el maltrato de la soledad, del estar a la deriva y sin tierra donde guarecernos, maltrato al no tener pares, compañer*s de crianza, cómplices donde reconocernos y encontrarnos. Esta bien no son golpes, ni gritos, pero es ausencia, es abandono e indiferencia y no por parte del hombre o la familia que nos acompaña o mejor que no nos acompaña sino de todo un sistema que ha roto nuestras redes, nuestros espacios de contención, de refugio y encuentro, ese tejido donde nos hacemos madres en compañía de otras, donde nos apropiamos de la maternidad bajo el amparo de otras y donde las historias y vivencias de quienes nos han precedido y nos acompañan son un espejo donde mirarnos y encontrarnos.

Claro que es maltrato, que las necesidades sean obviadas, no contempladas o tenidas en cuentas no porque no se pueda, no porque no haya cómo, o porque atente contra el bienestar y/o integridad de nadie, sino para garantizar la supervivencia de un sistema que nos mutila y enajena, para seguir perpetuando la sociedad del miedo, la carencia y el desamparo, eso es maltrato, maltrato social si quieren llamarlo, maltrato que tod*s ejercemos sobre tod*s…. Necesitar y no encontrar “porque si” es maltrato! Un tipo de maltrato que además posiblemente terminará volcándose sobre la criatura y por ende reproduciéndose y recreándose así mismo, seres con carencias y heridas por falta de sostén y amparo, de cuerpo y presencia materna, porque mamá no está, no puede darse toda, no puede entregarse entera, tiene que sostenerse así misma, luchar para no hacerse trocitos en su propia herida, batallar sola con sus propias sombras, acunar su niña interna mientras acuna el que ahora tiene en su regazo.

Somos un mundo hecho a espaldas de la maternidad (y por ende de la humanidad), que no la contempla en toda su dimensión y su importancia, devenimos madres y parece que rompemos todo vínculo de sostén, nos quedamos solas, y se nos exige que rápidamente nos pongamos en marcha. El mundo no se adapta a las necesidades de una madre con su criatura en brazos, los amigos ya no están, porque el ritmo, el pulso de la maternidad no se contempla en esta sociedad del afán, el resultado, la producción y el consumo. Devenimos madres y de golpe quedamos aisladas de la vida y el mundo sigue girando sin tregua ni compañía y no queda otra que saltar del mundo y asumirte sola o subirte como puedas y asumirte reproductora del abandono. El mundo sigue girando y nosotras nos hemos quedamos sin mundo, y no hablo de esa necesidad de tiempo, silencio, paciencia que es natural del puerperio, no solo natural sino indispensable, sino justamente de la falta de compañía para atravesarlo, porque se supone que tienes que seguir andando porque no hay nadie en quien respaldarse, tienes que atender a las visitas y presentarle a la criatura y hacer la compra y bañar al bebe y bañarte tu y vértelas con la lactancia y con las sombras y los miedos, las preguntas y las angustias y con todo lo nuevo en el más absoluto abandono, porque la sociedad (humanidad), insisto se ha construido de espaldas a la maternidad (humanidad), así que quien viene no viene a traerte la tribu sino a obligarte a ponerte a andar al ritmo del mundo, no vaya a ser que se estropee la cadena de consumo…

Cuando hacia teatro entendí que solo los “oprimidos” pueden cambiar la escena, el “opresor” intentará por todos sus medios mantenerla intacta, ya que en ello radica la garantía de su subsistencia; solo aquel que sufre opresión tiene en su poder la clave de la transformación. Así qué está en nuestras manos, mujeres (human*s) maltratadas, cambiar el mundo donde criamos (vivimos), y tejer la tribu. Y que se sepa alto y claro, más allá de ciertas decisiones sobre la crianza ninguna madre, ningún padre deben criar en soledad, la tribu los sostiene!
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